César Miguel y el miedo del opresor

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“De esto y mucho más, hablaremos entonces en las próximas décadas de esta República”.

Emulando a César Miguel Rondón en su programa matutino.

Son las 10 con 26 minutos. A César Miguel Rondón lo conocí personalmente una tarde de octubre de 1999 en mi alma máter, la UCAB Guayana. Él era parte de un foro llamado “Cuatro Décadas de la Radio en Venezuela”, en el que además asistieron grandes figuras nacionales como el fallecido Pedro Penzini Fleury, Iván Loscher, y otro líder de la radiodifusión en Bolívar: mi amigo y colega Atilano Valero Santana.

En ese entonces yo tenía 19 años, y aun cuando mis calificaciones eran desastrosas, seguía fiel a la idea de que Ingeniería Industrial era mi profesión (¡cuán equivocado estaba!, y sin ofender a los ingenieros, cuya labor es interesante y loable).

En fin, supe de ese foro, y ante la variedad y relevancia de los invitados, incluido César Miguel, decidí asistir. No tenía idea del impacto de este evento en mi futuro profesional. Fueron los 500 bolos mejor pagados de mi vida (de los antiguos, de los que valían mucho más).

Tras haberle solicitado con mucha pena el autógrafo de rigor, escuché atentamente su participación. César Miguel hablaba con pasión de la radio, de su poder, de su influencia en todos, y de lo importante que era para el periodismo y para las libertades de la sociedad. En ese entonces, ni nos pasaba por la cabeza el desastre nacional que estamos viviendo. César Miguel decía en el foro que pese a los avances de la tecnología, la radio conservaba un sitial de honor en la comunicación venezolana, y que su potencial para llegar a tantas comunidades se mantenía firme como en sus primeros días. La radio, decía, era importantísima más que nunca.

Esas palabras me engancharon, me activaron un suiche en la cabeza. Sabía que ese mundo era para mí, que esa profesión me cambiaba luces, que el periodismo y figuras como él eran lo que yo quería ser.

Los años pasaron, y como cada mañana lo seguía escuchando, una costumbre que nació en mi juventud, cuando papá religiosamente lo sintonizaba en nuestra Grand Wagoneer al llevarme al colegio, y ya luego yendo a la universidad. Abandoné Ingeniería, estudié Comunicación Social, y ya prácticamente finalizada la carrera, la vida me reunió una vez más con César Miguel Rondón.

Cuando formaba parte de los locutores de Éxitos 90.5 FM en Puerto Ordaz, ahora con Atilano y con él como compañeros, estuvimos juntos en la Preventa de 2007. César Miguel nos visitó en Guayana, y allí en momento breve, le comenté que cinco años antes había ido a aquel foro en donde él participó, y que gracias a él y a quienes invitaron a ese evento, había cambiado de parecer sobre mi vocación. A los pocos segundos, César Miguel recordó el foro, y sonrió dándome las gracias por esas palabras.

Cuando fue su turno de hablar en la Preventa, César tuvo un gesto conmigo que recuerdo1930269_27445691583_7997_n con aprecio. En medio de su discurso, comentó: “Estoy gratamente sorprendido, porque Pedro comentó que gracias a mí y a un foro organizado hace unos años en la UCAB Guayana él decidió estudiar Comunicación Social. ¡Qué bonito que uno sea ejemplo para los jóvenes! Me alegra saber que uno pueda servir de ejemplo para quienes se interesan por el periodismo”.

Desde allí, mi admiración y respeto por el ahora colega se multiplicó, porque seguía viendo en él a un colega digno, a un periodista cuya voz calmada pero muy firme no duda un segundo de buscar la noticia, de explicarnos lo que sucede, de plasmar la alegría en las buenas noticias, pero también la crítica y el repudio a tantos episodios absurdos, bajos, ruines, vergonzosos, pueriles y patéticos que acompañan tristemente cada jornada del venezolano.

En 2008 me fui de Venezuela, igual que los padres de César Miguel Rondón, y desde allí he seguido el acontecer nacional bien sea con él (cuando los husos horarios y mi agenda lo permiten), o por medio de tantos colegas que hacen su labor cuasi rodeados en una especie de El Álamo cada vez más chiquito, más solitario y más incómodo para las fuerzas que desprecian nuestra profesión (o por lo menos a los que nos mantenemos fieles al Código de Ética del Periodista Venezolano).

Ya son casi siete años de mi ausencia de Venezuela, y allí he visto cómo poco a poco periodistas y figuras que se oponen a un “gobierno” corrupto y profundamente ignorante han sido perseguidos, encarcelados, y vejados ante el temor (¿terror?) de quienes dicen tener el control del país. Ante eso, César Miguel ha estado siempre allí, comentando lo que pasa, buscando las facetas de tantas historias, todo ante los oídos atentos de quienes tienen alergia mental a la democracia y la libertad de expresión.

Como figura conocida y opuesta a la ideología dominante, determinó el azar (o temor) del señor chofer que el próximo atacado fuese César Miguel Rondón. Una entrevista al Alcalde de Cúcuta, Donamaris Ramírez, para conocer su punto de vista sobre la absurda crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela, fue la gota que derramó el vaso.

Conatel, esa especie de ente “regulador” que vigila que el espectro radioeléctrico se use en beneficio del pueblo (entiéndase el gobierno), acusó al colega de tendencioso, manipulador y de no buscar la verdad, por permitir que el alcalde cucuteño (a lo mejor la familia de Nicolás lo conoce), denunciara los abusos cometidos presuntamente por la Guardia Nacional (me niego a llamarla Bolivariana porque no creo que Bolívar, o su creador, Eleazar López Contreras, la hubiesen concebido para ser un cuerpo corrupto, criminal, o cuyos efectivos distan mucho del honor, la disciplina, la decencia o el amor verdadero a la República y no a un partido político).

Lo peor del asunto, es que Conatel y los enchufados de pluma gorda serviles a Miraflores, ante la falta de argumentos, sacaron a relucir un detalle que en un país normal no tendría absolutamente nada de particular: que César Miguel Rondón nació en el Distrito Federal mexicano. Un ardid que en su momento utilizaron para denostar a Marta Colomina por sus orígenes ibéricos.

Vamos por partes. Sobre la entrevista en sí, ¿desde cuándo buscar ambas caras de una noticia es delito? ¿Desde cuándo recabar información diferente a una fuente oficial es un acto reprochable? Causa asombro y hasta risa que Conatel diga que Rondón injuria a la Guardia Nacional, cuando todos sabemos bien la forma en la que actúa este cuerpo “militar”.

Además, ¿acaso el gobierno de Maduro se caracteriza por brindar datos al periodismo? ¿Cuándo fue la última vez que supimos la cantidad de muertos de cada fin de semana? ¿Cuándo fue la última vez que conocimos los estados financieros del Banco Central de Venezuela o de Pdvsa? ¿Cuándo fue la última vez que se indicó el resultado de tantas acusaciones y expedientes de corrupción donde están involucrados funcionarios actuales y anteriores de los poderes públicos?

Acá lo que imperó por parte de César Miguel fue simple y llanamente la búsqueda necesaria de otras aristas sobre esta crisis humanitaria, en la que el Ejecutivo busca que su “verdad” sea la oficial, llena de patrañas de paramilitares, de Uribe, de ataques, e historias de vaqueros. Sólo por osar buscar un punto de vista diferente a esa versión cuasinorcoreana que Maduro y su séquito buscan imponer en Venezuela, es por lo que hoy César Miguel Rondón está ahora en la mira (espero que de forma figurada nada más) de quienes no toleran la disidencia, de quienes luchan día a día por acabar con la democracia que ellos sí disfrutaron en sus primeros años de vida, y que le permitió a su adorado líder fallecido la oportunidad de saltar a la fama con aquel maldito “por ahora”.

Sobre su nacimiento chilango. ¿En qué cambia que haya nacido en DF y no en Venezuela? ¿Lo hace menos venezolano por haber venido al mundo en tierra azteca? ¿Deslegitima el ejercicio periodístico de César Miguel Rondón que se haya criado en la colonia Nápoles, Roma, Doctores o en tantas otras de la capital mexicana? Es absurdo, patético.

Eso de que como no naciste en Venezuela eres menos venezolano suena igual a la opinión de algunos que critican a los que tuvimos que dejar nuestra tierra calificándonos de menos venezolanos. Sobre este punto, me viene a la mente lo dicho por la gran Chavela Vargas, mexicana por cierto, a quien le cuestionaron un día su origen costarricense. Con su estilo, ella respondió: “¡los mexicanos nacemos donde nos dé la rechingada gana!”

Da risa que los mismos que emplean un ardid tan bajo son los mismos que todavía no muestran la partida de nacimiento de Nicolás Maduro, ese ser que tiene el don de la omnipresencia neonatal por haber llegado a este planeta en Los Chaguaramos, en La Pastora, o según otras fuentes, en los dominios del alcalde Ramírez, el mismo al que Rondón entrevistó.

En fin, para no hacer el cuento largo, acciones como las emprendidas contra César Miguel Rondón carecen de cualquier sustento lógico (bastante escaso en estos tiempos). Son muestra del profundo miedo existente en la cúpula gubernamental ante el descontento nacional por la escasez, la inseguridad, la corrupción, la falta de valores, y la catástrofe en la que está sumida la República, y que seguro le cobraremos caro a estos “gobernantes” en las venideras elecciones parlamentarias.

Simplemente, César Miguel puso otra nota (como los periodistas solemos hacer) en la sinfonía de censura del oficialismo, y por eso la celada (término muy de Rondón) para sancionar ese acorde inválido en el pentagrama informativo rojo.

Lo que me resulta triste es que conociendo ahora las circunstancias en las que los papás de mi colega tuvieron que abandonar Venezuela, las viva él ahora en su propia tierra, autoría de un sistema con muchas menos obras y progresos que la dictadura perezjimenista, pero con el mismo espíritu dictatorial que imperó en los 50.

César Miguel: sigue adelante. Que esto sea un impulso para seguir siendo una voz de reflexión, serenidad y raciocinio en medio de tantas miserias. Eres un periodista, y en ti confiamos muchos venezolanos para seguir escuchando y conociendo lo que en verdad sucede. Tienes mi apoyo y mi respeto, el mismo que nació aquel día de 1999 en el que me animaste a ejercer esta profesión de la que jamás me arrepentiré.

Son las 11 con 45 minutos. Que tengas mañana el mejor día posible. Abrazo.

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