Arrechera

C_fgZdWXYAEpz4w

Miguel Castillo siendo trasladado a un centro asistencial

Comienzo disculpándome con mis lectores por lo coloquial y obsceno del título, pero por más que intenté elegir otra opción, la verdad no hay ninguna palabra que exprese tan certeramente lo que siento tras los hechos de hoy.

Una vez más, el régimen evidenció su espantosa escasez de humanidad y sacó a la calle a sus huestes vestidas de uniforme, siempre con la misma meta: agredir, atacar, detener…joder. Al igual que en jornadas pasadas, la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana hicieron gala de su terrorismo institucional, de esa violencia legítima que, lejos de las definiciones sociológicas, se convirtió en una patente para practicar el sadismo sin ninguna represalia. Es la barbarie como autoridad.

Aunque parecido a otros días de protesta, el 10 de mayo fue a la vez diferente, muy diferente. La represión tuvo un calibre más grotesco, las golpizas dadas por “los cuerpos de seguridad” exhibieron más saña y placer retorcido, y lamentablemente el saldo blanco quedó una vez entre las tantas esperanzas ilusas de quienes ansiamos la paz y la democracia.

En medio de esa orgía de lacrimógenas, agua, escudos, sudor, banderas, heces y hematomas, se supo la noticia de otras dos vidas que se apagaron. Mientras Miguel Castillo caía en Las Mercedes por una presunto proyectil de plomo que se alojó en el tórax, Anderson Dugarte ya no pudo más en Mérida luego del balazo que le dieron en el cráneo dos días atrás.

Dugarte era mototaxista, y estar en el lugar y momento equivocados le costó la vida. Por su parte, Castillo era un joven colega, un chamo estudioso y de ésos quienes aún creían en la educación y en el esfuerzo como caminos verdaderos para salir adelante.

A Dugarte lo lloraban en los Andes, y en Caracas el Alcalde de Baruta, Gerardo Blyde, comentaba que “Baruta estaba de luto” por Castillo, al tiempo que hacía un duro llamado a la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, para que saliera de su oficina y tuviera una posición mucho más firme ante la anarquía homicida que impera en el país.

Algunos personeros del régimen aprovecharon el momento difícil para apagar el fuego con gasolina. El Ministro de Relaciones Interiores y Justicia (sic), Néstor Reverol, salió raudo y veloz a afirmar que estas muertes de hoy fueron causadas por “un francotirador de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)”. Como siempre, no hay pruebas, no hay análisis, sólo lo que su mente retorcida elucubra para favorecer siempre al oficialismo. En otra esquina, el Defensor del Pueblo (sic también), Tarek William Saab, aprovechó quizás una pausa en su rutina de deltoides para tuitear escuetamente que lamentaba el fallecimiento de Castillo. Otro saludo a la bandera de una figura anabólicamente decorativa.

Volviendo al tema, si a nosotros nos generan rechazo y molestia esas muertes, pensemos en las familias de estos jóvenes, así como de los otros 37 fallecidos (según la ONG Provea) que van desde que comenzaron las protestas. Pienso en las madres que forzosamente aprenderán a vivir con un vacío que no se llenará jamás. Pienso en esa sensación espantosa para un padre de ver partir primero a un hijo, y más en esas circunstancias. Pienso en que probablemente no sabrán quién acabó con la vida de sus seres queridos. Vivirán con el mismo dolor que embarga a los deudos de Geraldine Moreno, Bassil Da Costa, Robert Redman, o de Armando Cañizales, por mencionar a algunos de tantos caídos.

La misma rabia surge por otros casos igual de alarmantes. Luego de 34 días sin noticias, la familia de Ángel Vivas pudo ver por fin al General, detenido por su postura contraria al chavismo-madurismo. El balance dado por su esposa, Estrella Vitora, muestra la verdadera cara de esta dictadura. Vivas presenta dificultad para caminar, golpes en el tórax, pérdida de visión en un ojo, falla de audición en un oído por arma blanca, no puede orinar muy bien, y necesita atención médica prioritaria. Es evidente la tortura a la que ha sido sometido, ante la mirada feliz de Miraflores.

Cuando recorres los videos de estas seis semanas, esos en los que hay maltratos, saqueos, detenciones arbitrarias, bombas lacrimógenas lanzadas en horizontal, vejámenes, y muerte, es cuando comprendes por qué no podía haber otro título en este escrito. Hay demasiada indignación, furia ante lo que está pasando, y las torpes acciones del gobierno hacen todo lo posible para exarcerbar más a la disidencia. Maduro en medio de su conversa vacuna jura que la gente puede dejar la calle y volver mañana al trabajo como si no ha pasado nada. ¡Qué va!, el punto de no retorno hace rato que se cruzó.

Vendrán días muy duros, y lo que vimos el 10 probablemente sea superado en fechas siguientes. Se lucha contra un régimen asesino. El adversario es una tiranía que no duda en hacer lo que sea para mantenerse como regente. No hay escrúpulos, no hay Derechos Humanos que valgan. Sólo hay morbo, psicopatía castrense, lujuria de sangre entre pasos ridículos de salsa. Tanta aberración actual que vemos hoy me recuerda lo dicho por Julio César Strassera en aquel juicio a las Juntas Militares argentinas: “Este proceso ha significado, para quienes hemos tenido el doloroso privilegio de conocerlo íntimamente, una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana, donde la miseria, la abyección y el horror registran profundidades difíciles de imaginar antes y de comprender después”. 

Pero aunque todavía nos resulten horrorosamente increíbles de imaginar (como dice Strassera), eso no nos amilana. Por primera vez en muchos años, veo coordinación y empeño. Estamos todos sincronizados con mantener el rechazo pacífico contra los magistrados del TSJ, contra el golpe dado a la Asamblea Nacional, contra la absurda e ilegal Asamblea Constituyente comunal. La comunidad internacional está consciente del talante criminal de lo que queda de robolución, y ahora más que nunca debemos seguir denunciando las atrocidades cometidas en nombre de la paz y la justicia.

No lo olvidemos: cuando la noche es más oscura es porque falta poco para amanecer, y sé que un nuevo sol saldrá pronto para Venezuela. Sigamos unidos, firmes, enfocados. Transformemos ese dolor en lucha, esa indignación en acciones, y esa arrechera en la energía que necesitaremos para reconstruir a nuestra Patria.

¡Falta menos! ¡Somos más!

 

Xenofobia amnésica

Screen Shot 2017-04-29 at 6.58.52 PM

Foto: XEU

Esta mañana algunos venezolanos hicieron una concentración en el asta bandera de Veracruz, en rechazo a Maduro y a la crisis que impera en Venezuela. Siempre había visto o sentido reacciones de apoyo y comprensión del mexicano común, consciente de la grave situación que ocurre en nuestro país. Pero hoy, los comentarios en redes sociales fueron diferentes: “¡váyanse a su mugroso país!”, “¡depórtenlos!”, “nos roban nuestros empleos”, o que “son pagados por el PRIAN” o “la mafia del poder” para atacar a cierto candidato de izquierda.
Screen Shot 2017-04-29 at 6.57.47 PMNunca en ocho años había visto xenofobia a la mexicana, absurda e incongruente a mi parecer cuando acá se denuncian con vehemencia los ataques y vejaciones que sufren los mexicanos en Estados Unidos y en otras latitudes, sólo por su nacionalidad o raza.
Quienes se expresan así, evidentemente no entienden lo difícil que ha sido esto para nosotros. No comprenden que jamás quisimos ser parte de esta diáspora que ha sufrido Venezuela en casi 20 años. Jamás nos pasó por la cabeza antes de 1999 que creceríamos, trabajaríamos o haríamos familia en un sitio diferente al nuestro. Jamás planificamos llegar sistemáticamente a otros países sólo porque nos diera la gana y nos pareciera chévere.  Sólo nos quedó salir, dejar todo atrás, y comenzar de cero plegándonos a la realidad de nuestros nuevos destinos para poder vivir digna y tranquilamente, pagando con trabajo y esfuerzo el cobijo que ellos nos han dado.
Tristemente, esta animadversión local se suma hoy a la de algunos panameños, Screen Shot 2017-04-29 at 6.55.36 PMdominicanos, colombianos, españoles y chilenos que en fechas recientes han denigrado a mis compatriotas, indolentes ante lo difícil e injusto que es abandonar tu tierra y a tus seres queridos en circunstancias como las nuestras. Muchos de ellos hoy insultan, agreden, y desprecian al venezolano desde la tranquilidad y prosperidad de sus naciones, mismas que cuando estuvieron en problemas siempre contaron con Venezuela.
Mientras Argentina vivía días oscuros por causa de Videla y del criminal “Proceso de Reorganización Nacional”, sus ciudadanos encontraron refugio en Venezuela. Lo mismo hallaron sus vecinos chilenos ante la persecución de Augusto Pinochet. Cuando Francisco Franco gobernaba con puño de hierro a España, miles llegaron a La Guaira buscando un nuevo comienzo, y ni hablar de quienes escaparon de Perú debido a la crisis institucional de Fujimori y a la violencia desatada por el grupo terrorista Sendero Luminoso.
Screen Shot 2017-04-29 at 6.53.53 PMMuchos panameños pudieron ver en la tranquilidad de Venezuela cómo se multiplicaban los muertos en su país por causa de Manuel Noriega, y cientos de miles de colombianos pudieron salir adelante junto a nosotros, en momentos cuando el narcotráfico y la guerrilla desangraban a su lindo país.
Screen Shot 2017-04-29 at 7.03.53 PMEs fácil olvidar a quien te dio la mano en el pasado cuando el presente es favorable. Es sorprendente tanta indolencia ante las circunstancias que nos obligaron a meter nuestra vida en dos maletas.
Sé perfectamente que no todos los venezolanos que han emigrado comulgan con la Screen Shot 2017-04-29 at 6.53.17 PMdecencia y la honorabilidad. Las malas acciones de algunos han acentuado el rechazo, y a veces los que estamos comprometidos con una vida digna y honesta pagamos el precio. Pero si de algo sirve, y al menos en mi caso, mi objetivo seguirá siendo contribuir con México tanto como sea posible a través de mi trabajo y de mis valores, porque a este hermoso país le debo muchísimo. Estoy muy orgulloso de México y su fuerza, y ojalá que nunca le caiga la plaga socialista que quebró y destruyó a Venezuela.
Screen Shot 2017-04-29 at 7.03.30 PMSí, duelen esas expresiones hostiles, pero no nos amedrentan. Seguiremos saliendo a la calle cada día a promover la verdadera imagen del venezolano: trabajador, amable, honorable, amistoso y educado.
Espero de corazón que esa gente que se burla y nos desprecia jamás tenga que pasar por Flag-Pins-Venezuela-Mexiconuestra situación. Ojalá que siempre tenga prosperidad en su propia tierra. Ojalá que no pase por el momento durísimo de despedirse de sus familiares sin saber cuándo los verá de nuevo. Ojalá que nunca tenga que hacer horas de cola para comprar los productos básicos. Ojalá que nunca les pase esto. Ojalá que no.

Consejos para el venezolano emigrante

017c7f9c-2574-47bb-8bb4-b2cb6bfcf683_W_00960

Arte cinético de Carlos Cruz Diez en Aeropuerto Simón Bolívar, foto infaltable de quien emigra. Foto: cortesía Notitarde.

Cada vez son más los compatriotas que toman la difícil decisión de dejar Venezuela para probar éxito en otras latitudes. Los motivos son múltiples: inseguridad, mejor calidad de vida, el futuro de los hijos, oportunidades laborales, o simplemente por desconectarse del triste panorama nacional, orquestado por la ignorancia que impera en Miraflores desde hace casi dos décadas.

Los destinos son variados. Muchos optan por Estados Unidos, Colombia, España, Panamá o Argentina, mientras que otros se inclinan por Australia, México, Ecuador y hasta Turquía. Con el paso de los años, las comunidades venezolanas en las urbes del planeta han crecido casi de forma exponencial. En Veracruz, por ejemplo, antes era difícil encontrar venezolanos. Ahora, somos una comunidad organizada donde nos reunimos, nos apoyamos y mantenemos vivo el recuerdo de la tierra que nos vio partir.

Es una sensación agridulce. Por una parte, te alegra saber que tienes cerca a tu gente, con la que puedes hablar y compartir recuerdos de tu vida en Venezuela. Pero por otra, el número creciente te reafirma el estado crítico del país, que obliga a tantos a asumir ese riesgo de aventurarse a lo desconocido y empezar de cero.

En fin. Si usted es uno(a) de quienes decidió irse pronto de Venezuela, o si acaba de llegar a su nueva localidad, le dejo acá algunas recomendaciones para que su experiencia (y la nuestra, ya verá por qué) sea la mejor posible.

1) Planificación: si aún no ha partido de Venezuela, piense bien el paso que va a dar. Emigrar no es lo mismo que el viaje por placer que hizo en el pasado. Hay que analizar profundamente adónde quiere ir, por qué, qué ventajas tiene, qué condiciones posee (inflación, seguridad, empleos, desarrollo, infraestructura, nivel de vida). Muchas personas, por ejemplo, ven a Miami como un destino soñado porque fueron varias veces de vacaciones y era chévere por las tiendas, las playas, o quizás por ese aire que te permite seguir siendo latino y hablar español estando en Estados Unidos. Pero vivir allí no es nada fácil, menos siendo migrante de un país afectado como el nuestro.

dollars-and-euros-background

Prepare bien su presupuesto.

Recuerde: el turismo no es lo mismo que la inmigración. Todos los lugares son muy diferentes si se trata de visitar o de quedarse.

Si pensó el tema como: “Mira compro unos dólares, llego allá y agarro trabajo de lo que sea. No importa que no tenga visa”, tiene altas probabilidades de que haya dificultades a corto o mediano plazo. Incluso fracaso. Es en serio.

Los gastos son elevados y si no hay entradas de dinero pronto los ahorros se van como sal y agua. Una opción es agotar la instancia de trabajar legalmente en su destino. Trate de conectarse con ofertas laborales, o si quiere montar un negocio, tenga ya listo cómo lo armará (incluyendo estudios de mercado, permisos y análisis del lugar al que llegará). Hay páginas que asesoran en la materia.

2) Gaste racionalmente: cuando llegue a su nuevo país, comience de a poquito, limitando sus gastos suntuosos. Evite pensar que como tiene dólares/euros en la mano y comienza una nueva vida, va a empezar por tener pantalla ultra HD, carro del año, y casa lujosa, todo eso sin haber resuelto primero una entrada de ingresos.

Mejor elija una zona triple b (buena, bonita y barata) y los enseres básicos para vivir.

ars_ces_2013_gallery3_15-640x426

Esta tele es muy buena, pero cómprela cuando sepa bien cuáles son sus ingresos y egresos. No apenas llegue.

Créame, poco a poco (si todo sale bien), va a poder comprar paulatinamente esos artículos/propiedades que quiere y que merece. Pero evite hacerlo a la primera.

Muchas veces nos traiciona el pensamiento de “yo no dejé mi casa de pinga en XXX, para vivir en un cuartico sin nada”. Ciertamente, pero eso no es de la noche a la mañana. Lleva tiempo. Primero enfóquese en su estabilidad económica, residencia legal y demás menesteres.

3) Deje la echonería en el avión: Por favor, evite llegar al nuevo lugar con ese pensamiento chauvinista ridículo sobre Venezuela. Está bien querer tu tierra y defenderla, pero de ahí a cacarear “Venezuela es el país más arrecho del mundo”, “es que los venezolanos somos únicos”, “nadie tiene costumbres mejores que las nuestras”, “estos no saben nada porque no tienen cachitos, tequeños, Salto Ángel, hallacas y gaitas” es una reverenda estupidez.

17lgr8

Sea humilde. Deje el chauvinismo en el avión.

Si usted y yo nos fuimos de Venezuela es porque ese país “más arrecho del mundo” está mal. Porque no tiene infraestructura, porque falta comida, porque no se consiguen cauchos o baterías, porque un bachaquero gana más que un maestro y porque los hospitales no tienen medicinas. Así de sencillo.

Dentro de su casa haga lo que guste, pero afuera compórtese como alguien humilde. A partir de su llegada, usted pasa a ser una minoría cultural, étnica o religiosa, y por lo tanto, debe ajustarse a lo que impera en el otro país.

No me malinterprete. Amo a Venezuela, tengo banderas y fotos en mi casa, hago pan de jamón en diciembre y tengo mi Santa Teresa a la mano cuando el paladar lo exige. A mis amigos les digo que mi país es una tierra hermosa de la que estoy orgulloso. Pero hay una delgada línea entre eso y salir con lo de “los venezolanos somos los más arrechos”. Si lo fuéramos, hace rato Chávez o Maduro hubiesen dejado de ser gobierno, y Venezuela sería una potencia de verdad.

4) Sea agradecido: Este punto va en sintonía con el anterior. Agradezca y reconozca lo que el nuevo país está haciendo por usted. Gracias a esa nueva residencia usted tiene trabajo, sus hijos están seguros, disfruta de una mejor calidad de vida, y no debe hacer colas en un supermercado por horas para pelearse, literalmente, por azúcar y harina P.A.N.

Como comenté, cuando emigra pasa a ser una minoría, y debe bailar al son que le pongan. Dé las gracias a EE UU, México, Ecuador, España o la nación que sea, por lo que le da.

Obviamente, tampoco pretenda ser más español que el flamenco, más italiano que la

gracias

Reconozca y valore lo que logra o posee gracias al país que lo recibió.

polenta, más gringo que el tipo de Marlboro, o más mexicano que Emiliano Zapata, renegando de Venezuela o su pasado, porque además de ser estúpido se ve a leguas que uno no es de ahí, por más que imite el acento o demás elementos.

Se trata de ser agradecido, pero asumiendo que se está entre dos mundos: el que se dejó y el que se tiene ahora. Si en un tiempo usted desea ser ciudadano del nuevo país, perfecto, muy bien. Pero no olvide que usted es venezolano de origen. Venezuela no tiene la culpa, sino los que la maltratamos o dejamos que eso pasara.

5) Explore su nuevo destino: Cuando ya esté residenciado en su nueva ciudad, conózcala,7-maravillas recórrala. Vea lo bonito y lo no tanto. Vaya a sitios turísticos, aprenda qué pasó allí, salga a otros estados (cuando pueda, ver punto 2). Si en algunas festividades como Navidad hay tradiciones diferentes, súmese a ellas, participe. Escuche la música local, los deportes de la zona, etc. Con eso demuestra que es buen ciudadano, humilde y que reconoce, sin dejar su gentilicio, las maravillas que le brinda la tierra que lo recibió.

6) Deje las malas mañas en el avión también: Si hay algo que personalmente me molesta y decepciona, es la actitud que muchos compatriotas toman al llegar a un sitio nuevo. No me refiero a lo del punto 3, sino a las malas costumbres.

Si llegó a un nuevo lugar, haga un esfuerzo por seguir siendo o volver a ser un buen ciudadano. No eche basura a la calle, no se pase los semáforos, no raye los sitios públicos, no maneje por el hombrillo, pague sus facturas e impuestos, sea buen vecino, no ponga música a todo volumen todos los días. No deje mal nuestro ya golpeado gentilicio. Compórtese y dé el ejemplo, aun sin importar si la zona donde vive tenga fallas.

Otra cosa: por el amor a Cristo o a la entidad de su preferencia, no vaya a otro país con la meta de fregar gente con negocios trácalas. Muchos venezolanos han sido detenidos e incluso deportados, por hacer negocios turbios que buscan captar ingenuos.

Quizás le parezca buenísimo embaucar gente con productos milagro, pirámides

productos-milagro

Evite la maldita “viveza criolla” buscando a quien engañar. Sea digno y trabaje.

financieras, o defraudando con algo que puede ser necesario para venezolanos o para los residentes. Pero la verdad, si viene con esa meta, mejor quédese. Afuera no lo necesitamos, no lo queremos. Insisto: no deje mal a nuestro ya golpeado gentilicio. Quítese la flojera, la maldita “viveza criolla” y pártase el lomo como muchos de nosotros, de forma digna y responsable.

 

7) Construya un hogar multicultural: Si llegó con familia, haga lo posible porque ellos

diversidad-cultural

Mantenga sus raíces pero también aprenda de la cultura que lo rodea.

también absorban lo nuevo. Evite convertir a su casa en “El Álamo”, donde todo lo del país que lo recibió se queda en la puerta y adentro usted cree que sigue en Venezuela. No se puede tapar el sol con un dedo. Voy de nuevo: está bien tener en casa tus recuerdos, tu música y tus raíces criollas, pero deje que lo local también entre a su hogar.

Por otro lado, si usted forma familia fuera (bien sea que se casó con extranjero(a), o tuvo hijos luego de emigrar), procure enseñarle de dónde son papá y mamá, y sobre el país donde viven. Sus hijos tendrán derecho a la doble nacionalidad (no se las niegue), y debe pensar que Venezuela no siempre estará mal. Ya vendrán tiempos mejores. Si nacieron en España, que sean españoles y venezolanos. Siempre las dos en lo posible.

8) Respete al que se quedó: Que usted tuvo la oportunidad de emigrar es bueno, pero no por ello los que se quedaron son menos. Cada realidad es diferente. Hay personas que no partieron porque su vida está muy arraigada a Venezuela, otras que no cuentan con los recursos, y otras más porque no pueden desprenderse de un familiar. Los que estamos fuera seguimos teniendo parientes con los que hablamos a diario (¡gracias tecnología!) y por los que pedimos que se libren de los males que aquejan al país.

marcan_para_comprar_en_mercal_cortesia_el_impulso

Todos tenemos circunstancias diferentes. El que se quedó no es menos que el emigrante.

Los que aún siguen en Venezuela valen tanto como los que estamos afuera. Todos portamos el gentilicio. No se encumbre en decir que ahora vive en el exterior y que en Venezuela sólo quedaron los de menor ralea, porque ésos son los que están experimentando en primer plano cómo es vivir sin los insumos básicos, con hiperinflación, y con hampa desatada. Póngase en sus zapatos y respete.

Estas son algunas recomendaciones que puedo compartir por acá. Quedan a discreción del lector si las toma o no, porque, al fin y al cabo, cada cabeza es un mundo y cada familia también.

Concluyo con varios aspectos. Ojalá que esta diáspora a la que nos sometió “la revolución bonita” (sic) se revierta algún día y todos, aunque sea de visita, podamos ver de nuevo las ciudades y espacios en los que crecimos y vivimos. Que el talento y el profesionalismo que partió con nosotros sirva de nuevo a los intereses de la Patria.

Asimismo, reitero el llamado a los que ya están afuera, o a los que van a sumarse a nuestro tristemente nutrido grupo a dar lo mejor de sí y demostrar lo que verdaderamente somos como venezolanos. Hagamos el esfuerzo por ser buenos ciudadanos, para que a futuro no sigan asociando a Venezuela con Chávez, Maduro, pajaritos o falta de papel sanitario, sino con educación, disciplina, amabilidad y esfuerzo.

 

 

 

 

El gentilicio desde afuera

 

images

Una de las mayores pruebas que la vida puede presentarle a alguien es dejar su propia tierra. Desprenderse de su país, lo quiera o no, para tratar de buscar un mejor futuro en otras latitudes.

La historia (elemento al que siempre recurro) nos ha dado infinidad de ejemplos. Einstein dejando Alemania por la persecución nazi, los miles de norcoreanos que huyen a la vecina del sur, balsas eternas de cubanos tratando de llegar a la Florida o el éxodo de mexicanos, hondureños y salvadoreños que se enfrentan al Río Bravo o a “la migra” para vivir el llamado sueño americano.

Hasta hace unas décadas, los venezolanos teníamos poca idea de esa vaina de dejar el país. inmigrants dl XIXpieterPese a los problemas vividos en los 70, 80 y 90, era raro ver que alguien se fuera al extranjero. Más bien era lo contrario. Estábamos acostumbrados a ver ciudadanos de otras tierras que habían conseguido refugio en Venezuela. Españoles huyendo de Franco, italianos escapando de la posguerra, portugueses temerosos de Salazar, chilenos y argentinos buscando liberarse del yugo militar de Pinochet y Videla. Y así con otras nacionalidades.

Sin embargo, llegó nuestro turno. La llegada del socialismo (sic) encabezado por el resentido de Sabaneta lentamente cerró puertas y revirtió el flujo de personas. Venezuela dejó de ser ese imán atractivo de talento y diversidad humana para convertirse en punto de salida de niños, jóvenes y adultos, sedientos de porvenir y anhelantes de un día libre de las patrañas que vomita Miraflores desde hace 15 años.

Cada vez más seguido amigos y conocidos me decían: “Nos vamos del país. Nos cansamos de tanto peo”, y preferían probar suerte en otro lado. Estados Unidos, Colombia, España, Australia, Italia, o Panamá se convirtieron en destinos frecuentes de quienes optaron por marcar la milla.

El éxodo no decayó, y lo que para mí era impensable, un día se hizo realidad: me tocó irme a mí también. El afán estatizador de un Chávez ebrio de poder acabó con el trabajo alegre y estable que tenía en Guayana. Afortunadamente en ese momento hubo ofertas de trabajo en México, y tomé esa decisión como muchos otros. Ahora sabría lo que es desprenderse de Venezuela.

 

“No soy de aquí ni soy de allá”

De aquel momento pasaron casi seis años. Todavía conservo en la memoria los rostros llorosos y tristes de mi familia despidiéndome y encomendándome a Dios y a Virgen para que me fuera bien.

downloadAl llegar al nuevo país, el primer sentimiento fue desubicación. Ya no vi mi bandera, mi geografía, los platos típicos. Dejé de escuchar el Gloria al Bravo Pueblo, mi acento y los programas de radio o televisión que antes no me perdía. Todo ello para comenzar de nuevo y adaptarme a lo que vi y tenía cerca. No quedó de otra.

México facilitó mucho las cosas. El mismo idioma, gente amable y costumbres relativamente parecidas suavizaron mucho la nostalgia de Venezuela. Nuevos amigos y conocidos me hicieron sentir como en casa y me enseñaron a querer a la nación que ahora me da su cobijo.

En un caso como el mío, cuando pasa algo más de tiempo, comienzas a mezclarte más con lo download (1)local. Tu acento muta, tu menú también. Tienes nuevos programas favoritos, costumbres nuevas, y hasta celebras fiestas que no conocías, pero que igual valoras y con las que te identificas de alguna forma.

Sin embargo, siempre hay algo que te hace recordar quién eres, y de dónde vienes. Por lo general es el tono. Hablas con alguien y te dice: “Ese acento tuyo es como de Colombia o Venezuela, ¿verdad?”.

Al saber tu origen comienza la asociación por estereotipos. Hasta hace unos años era: “Ah Venezuela, la tierra de las misses”, “Chamo tienen un chingo de petróleo”, o “Hay playas bien bonitas allá, ¿no?” Sin embargo, la conexión se fue a lo político: “Ah eres de Venezuela, ¡ese Chávez es un hijo de la chingada!”, “Tan bonita que era Venezuela y llegó ese cabrón a joderlo todo. ¡Qué poca madre!”. En fechas más recientes, llegó otro protagonista: “¿Y todavía sigue Maduro hablando con pajaritos?”. También incluso recibes muestras de solidaridad que todavía no se creen: “Oye vi que ahora en Venezuela no hay ni papel sanitario. Si a tu familia le falta algo podemos hacer una colecta y les mandamos lo que les haga falta”. Es un gesto de profunda nobleza con una realidad inverosímil de un país rico en recursos.

En fin. Con toda esa mescolanza de costumbres, lugares, recuerdos y aprendizajes pasas a ser Flag-Pins-Venezuela-Mexicoun híbrido: dejas de estar completamente actualizado como venezolano, y tampoco puedes ser 100% del nuevo país porque ni naciste ni creciste allí.

 

 

 

 

 

 

Siempre estará presente

Aunque el día a día de uno como venezolano que emigró se circunscribe al lugar donde ahora estás, no dejas de recordar un día a Venezuela. El primer diciembre fue fuerte. La navidad sin gaitas, sin villancicos, hallaca o pan de jamón fue bastante rara, y acostumbrarse a que aquí comen pasta o pescado en esas fechas no fue fácil.

Después está el himno. Cuando estás fuera, como que retumba más fuerte, suena más tuyo. Te saca lágrimas. Dejas atrás esos años donde tenías que cantarlo sin ganas y obligado en el colegio para entonarlo ahora con sentimiento, debido a la rareza con la que ahora lo oyes.

Ves una bandera tricolor en un carro o comercio y ya quieres averiguar de quién es, de qué parte de Venezuela proviene y de qué manera pueden estar en contacto. En mi caso, afortunada y desafortunadamente a la vez, ha sido creciente la cantidad de venezolanos que llegan a este destino. Por una parte es bueno tener compatriotas cerca, pero por otra, es señal de que las cosas allá no están bien, como vemos a diario en las noticias.

En la mayoría de los casos, las historias de esos venezolanos que llegaron son muy similares a la de uno. “Me vine porque una vez me encañonaron en la calle para robarme y ya no aguanté más”, o “yo trabajaba en PDVSA pero me sacaron y ahora trabajo en una contratista acá”, son algunos ejemplos.

Un punto positivo lo ha tenido internet. Gracias a los canales y estaciones de radio en línea puedes oír lo que colocan en Venezuela, y te hace sentir más cerca. Ahora por ejemplo escucho temprano cada día El Show de la Mañana, un programa radial que oía cuando iba a bachillerato y en mis años de universidad. Por otra parte, las redes sociales y el Skype te permiten estar en contacto con tu familia de forma diaria y común. Ya no puedes tocarla, olerla o abrazarla, pero al menos puedes verla y escucharla. Menos mal que no estamos ya en la época de las cartas y telegramas.

 

La Patria nunca se olvida

Entre los más de 530 mil venezolanos que vivimos en el exterior según estudios de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en 2010, seguramente habrá surgido la tentación de divorciarse definitivamente del gentilicio y asumir el del nuevo país para hacer borrón y cuenta nueva.

Personalmente puedo entender dicha tentación, la he sentido incluso. Cuando estás en un lugar donde el sistema funciona mejor que en el tuyo, donde te valoran sin reparar en tu tendencia política, donde vas al supermercado y ves abundancia de productos, o donde puedes salir de noche sin el temor intenso de un robo o secuestro express, te hace pensar enseguida en reencaucharte en esa tierra y olvidarte de que alguna vez respondiste el gentilicio venezolano.

Coincido en parte. En mi caso, como habitante en México, siento un profundo cariño por el país. Me gustan sus costumbres, su estilo de vida, su geografía hermosa y sus mujeres (hasta el punto que me casé con una). México ha sido para mí una tierra amable y rica, que me tendió la mano y me permitió salir adelante. Me regaló amigos, familia, vivencias y enseñanzas que se quedarán conmigo hasta el fin de mis días. Gracias a México, crecí como persona y como profesional, con la apertura y las oportunidades que en Venezuela ya no tuve.

Es mucho el agradecimiento y cariño que tengo con México. Sin embargo, eso no diluye la venezolanidad que llevo en las venas. Por más peregrinaciones que haga de rodillas a ver a la Virgen de Guadalupe, por más tequila que beba o por más historia que sepa de acá, no voy a poder ser 100% mexicano ni olvidar lo venezolano que soy.

El hecho de que Venezuela esté mal, destruida, saqueada y sin futuro, no significa que ahora le voy a dar la espalda y renegar de ella como Pedro negó a Jesús. Ahí está la tentación de la que hablo. De desconocer tu pasado y creerte más mexicano que el mole, más argentino que un alfajor, más español que el Real Madrid o más gringo que Mickey Mouse.

Sentir vergüenza por el país sólo porque un gobierno ladrón y decadente lo controla es pagarle un flaco servicio por lo que nos dio. En Venezuela nacimos, crecimos, estudiamos, comimos, trabajamos, aprendimos, y allí tuvimos a nuestros padres o antepasados. Lo mismo opinaría alguien de otro país.

Negar nuestro gentilicio es algo que raya en la ignorancia. Como si nadie supiera nuestro pasado.

Venezuela es mucho más que Chávez, Maduro o el maldito socialismo que la jodió. Es una tierra con potencial y con capacidad de futuro, sólo que ahorita no es su momento, ahorita no muestra su mejor cara. Eso le pasó a Alemania, a Japón, y a Panamá.

Veamos a los cubanos por ejemplo. Los que viven fuera, no los engañados de la isla. Si vas a la calle 8 de Miami los verás seguramente. Saben perfectamente que Cuba está mal, tomada por una revolución añeja y anacrónica sin futuro. No obstante, no los ves con banderas de Estados Unidos, sino que en cada rincón está la bandera cubana, en restaurantes, cafés, y en sus carros. Lo mismo nos pasa a nosotros.

Así yo tenga en el futuro la nacionalidad mexicana (detalle que me generaría muchísimo orgullo por lo ya expuesto), siempre quedará en mí que soy venezolano de procedencia. Eso lo sabrán hasta mis bisnietos. Que nací en Caracas, que mis padres y hermana son criollos, que viví allí varios años, que me mudé con mi familia a Puerto Ordaz, que comí (y sigo comiendo) arepas por patadas, que me gustan los cachitos de jamón, la chicha andina, las cachapas.

Que disfruto mucho Serenata Guayanesa, Huáscar Barradas, Los Amigos Invisibles y Zapato 3. Que conocí El Ávila, la Gran Sabana, los Médanos de Coro, el puente del Lago de Maracaibo, el Angostura, la Cueva del Guácharo y el Parque La Llovizna por ejemplo. Que soy de la tierra de Bolívar, de Miranda, de Sucre, de Páez, de Arismendi, Mariño y de Urdaneta. Ésas entre otras cosas serán las que compartiré con la descendencia a la que deba pasarle el testigo de mi padre y el mío.

Los tiempos cambian, y nada ni nadie es eterno. Pese a lo oscuro del panorama, soy de la creencia que los momentos aciagos que vive el país por culpa del golpista fallecido y del ornitoparlante de las mitades desiguales no durarán mucho más. Venezuela volverá a ver la luz. Quizás estos 15 años fueron una necesidad muy dura para deshacer lo que teníamos mal como país para reconstruir nuestra tierra con un concepto muy superior al que tenía hace 20 ó 30 años atrás.

Mientras tanto, lo que debe permanecer firme es nuestro deber como venezolanos (dentro y fuera del país) de recordar bien lo que somos, y no dejar que la ignorancia de otros altere nuestro legado e identidad. Lo queramos o no, lo aceptemos o no, llevamos en la frente una V grandota, y a ésa no la tapa ni un pasaporte, ni una ciudadanía nueva, ni el rechazo propio o ajeno.

Descenso a la Barbarie

Imagen 

No vamos a sacarlos de la pobreza para que se vuelvan escuálidos”     

 Héctor Rodríguez, Ministro para la Educación de Venezuela

Para la segunda mitad del siglo XX, Venezuela era uno de esos países que aunque presentaba problemas, se preciaba de contar con una de las sociedades más respetuosas, avanzadas, abiertas y educadas del continente.

Calles limpias, tráfico ordenado, abundancia y libertades eran (además de las misses) los puntos de referencia en el extranjero, hecho que estimuló la llegada de miles de inmigrantes de España, Italia o Portugal (entre otros países), o en años más recientes, de Chile o Argentina, debido a las vicisitudes políticas existentes en el Cono Sur.

Aunque ese orden y decencia se menoscabaron en los 70, 80 y 90, debido a malos gobiernos y decisiones equivocadas, todavía en la memoria colectiva mundial, Venezuela seguía siendo un país tranquilo (por lo menos hasta el 4F) y en donde era posible vivir.

Sí, había inseguridad, desempleo, pobreza, pero el tejido social aún estaba en buena forma, sólo golpeado por malosImagen ejemplos producto de nuestra maldita “viveza criolla” como orinar en la vía pública, circular por el hombrillo, tirar basura en la calle, robarse insumos o estacionarse en zonas de personas con capacidades diferentes.

Pese a eso, todavía en la calle imperaban mayoritariamente los valores, el respeto, el saber que como sociedad teníamos derechos y deberes, y que situaciones que afectaran socialmente nuestra integridad física o moral por el bien de otros eran sólo casos de barbarie y de lo que se debía rechazar. Era una sociedad donde no nos faltaba nada, donde todo servía, y donde podíamos elegir nuestro futuro.

Pero, si eso lo teníamos claro, ¿qué pasó con nosotros? ¿Qué hizo que cambiáramos de forma tan abrupta y negativa para ser hoy una sociedad donde todo se perdió?

 

Welcome to the jungle

A lo largo de estos tres lustros hemos ido cayendo poco a poco en nuestra calidad social. Lo inverosímil pasó a ser cotidiano, lo absurdo pasó a ser regla. La injusticia pasó a ser Ley.

Hechos que han causado consternación y repudio, como aquella vez en Plaza Altamira en 2003, cuando tras ser tomada por afectosImagen al oficialismo (guiados por José Vicente Rangel y el entonces chavista Ismael García), se profanó y rayó una efigie de una Virgen ubicada en ese espacio público.

 

 

 

De hecho uno de los “individuos” salió en cámara simulando actos lascivos al cuerpo virgenquebrado de la religiosa, para festín de los presentes. ¿Sería que ese tipo no tuvo madre que le dijera que eso no se hace? ¿Lo habrán recibido con felicitaciones cuando volvió a su casa?

 

 

 

 

ImagenHechos como el derrocamiento de la estatua ancestral de Cristóbal Colón en el Paseo homónimo en 2004. Los también seguidores del oficialismo creyeron que con derribar la estatua de un tipo que lleva muerto siglos se iba a remediar si explotó o no a los aborígenes que consiguió. Lo mismo pasa en Buenos Aires, donde todos los años se raya la “Torre de los Ingleses” por el reconcomio malvinense, como si eso fuese a devolver el archipiélago a manos argentinas.

Estos sucesos comenzaron poco a poco a menoscabar la esencia amistosa del venezolano. A hacernos más duros, menos amables, más vinculados con actos semejantes.

Y eso se ve en el día a día. Vas a una tienda o lugar público, dices los Buenos Días, y nada, cero respuesta. Pides algo por favor y te

Imagenvoltean la cara como diciendo “¡coño éste sí ladilla!”. Ya no damos paso a los mayores, ya no cedemos puesto en los autobuses, ya no ayudamos a quien está accidentado en la vía por flojera o por temor a un robo o secuestro.

Otro tema es la alimentación. Venezuela fue hasta hace unos años un país exportador. Buen café, buen ron, excelente chocolate, leche de calidad. Los productos alimenticios llegaban a otras fronteras. Ahora los supermercados dan lástima.

Antes se podía elegir el de gusto o preferencia. Ahora hay que ir a cinco, a ver si se consiguen los insumos básicos como azúcar,

Imagenpapel sanitario, leche, arroz, o Harina Pan, ésta última esencial para las arepas. Los fines de semana ya no son para descansar, sino para hacer tour por varios supermercados o abastos para lograr la meta de abastecerse. Hay gente que hasta hace selfies si consigue harina y otra que llega a los puños para garantizar que el paquete de papel sanitario vaya a su casa.

Cuando pensábamos que ver números en brazos era como recuerdo de los aciagos días de la Alemania Nazi, ahora resulta que losImagen venezolanos tenemos que portar un guarismo en el brazo, para entrar a un supermercado. Resultó al final que la idea de marcar gente de Hitler tuvo auge en Venezuela, y de parte de sus opuestos ideológicos. ¿Será que Venezuela es un 4to Reich?

Además, y gracias al sempiterno “Gran Hermano” Fidel, resulta que el régimen de Maduro se enorgullece de lanzar tarjetas de abastecimiento, versión criolla de las libretas de racionamiento cubanas, las cuales mantienen a la isla bajo una dieta forzada e insuficiente, pero que no se compara con la frugalidad de la que disfrutan los cagalitrosos tripulantes del “Granma”.

ImagenLlegamos a un punto tan bajo que ahora somos capaces de descuartizar en plena carretera a una vaca que tuvo el infortunio de ir en un vehículo volcado. Las imágenes de la gente desmembrando al animal con desesperación dan señal o del hambre existente, o de la falta de valores y la necesidad de adueñarse de lo ajeno sin respeto.

Ni qué decir del caso Daka, donde se sacó lo más bajo de cada ser para agarrar lo que hubiera. No importa si se vivía en un rancho, si fallaba la luz, si no había trabajo, con esa tele LED ahora sí estaba todo bien, sobre todo para el venidero Mundial en Brasil.

¿Cuándo en la vida nuestra tierra tenía que haber pasado por semejante situación? ¿Cómo carrizo pasamos de ser un exportador a ser una nación donde no hay nada? ¿Cómo permitimos que eso pasara?

Antes la gente pedía regalos, equipos electrónicos o ropa para cumpleaños o aniversarios. Ahora nos contentamos si nos regalan azúcar o algún producto escaso.

 

Restringir es la meta

Venezuela en otras épocas, y debido a su posición geográfica, fue el destino predilecto de muchos dignatarios y turistas. Artistas y figuras como Louis Armstrong, Queen o Neil Armstrong vinieron a nuestra tierra, y para nosotros era normal que Viasa estuviera a la par de otras como KLM o Lufthansa.

Hoy, la mayoría de las líneas se ha ido. Caracas ya no es visitado por figuras de renombre, salvo uno que otro actor, o los siempre hambrientos de plata reggaetoneros. Muchas operaciones se han cambiado a países vecinos. Conviasa no es ni la cuarta parte de lo que fue Viasa (por cierto, seguimos esperando la explicación de por qué se cayó uno de sus aviones cerca de Sidor), y ahora los venezolanos tenemos menos opciones para salir o entrar a nuestra tierra cuando antes podíamos elegir.

Los servicios públicos. Un Metro de Caracas que siempre fue limpio, neutral en política, eficiente y ordenado dio paso a uno donde se vela más por el socialismo ridículo, donde los vagones chocan, donde los trenes no alcanzan, y donde no hay casi inversión. En las estaciones (y ya bajo tierra) te roban ante la mirada tranquila de la gente y si es hora pico, te aplastarán para quitarte tu chance de subirte.

Hay incendios en el país, y la Venezuela “potencia” los apaga con baldes y tobos, porque no hay camiones. Los nuevos venezolanos, los que llegan a este mundo, en lugar de hacerlo en instalaciones limpias y decentes, lo hacen en el nuevo estilo socialista: una caja de zapatos o en el suelo.

Nuestro país con su potencial hidroeléctrico era capaz de suministrar energía a sus vecinos, y ahora perdimos también el derecho a una electricidad decente. Apagones continuos y largos, subidas de voltaje que dañan nuestros enseres, y altas tarifas, quizás para pagar los cursitos de socialismo y guerra asimétrica que hacen en Corpoelec.

En el Estado Bolívar por ejemplo, el “Gobernador” Rangel Gómez, el mismo que pidió cacao el 12 de abril de 2002, prometió agua cristalina “para tu regadera”. ¿La realidad? Agua con tono marrón, con presencia de tierra y otros elementos, a lo cual cuestionó alegremente que cuál era el problema.

Antes se decretaban Parques Nacionales, Monumentos Naturales y zonas protegidas. Se construían museos, se hacía nueva infraestructura. Hoy nada de eso. No ha habido parques nuevos, y los ya existentes se entregaron al abandono.

La Plaza del Agua o Ecomuseo del Caroní en Puerto Ordaz. Un espacio que visité tantas veces, lleno de arte, cultura, limpieza y belleza, hoy es un mamotreto sucio, desolado, inseguro y que sólo muestra como nuevo el grupo de afichitos de Chávez y Maduro, mientras se cae a pedazos.

En la época de nuestros padres, podías con tu sueldo comprar casa, carro y otros beneficios. Hoy el Bolívar “Fuerte”, tiene la misma fuerza que el talco, y se necesitan varios sueldos mínimos para comprarte una miserable hamburguesa.

Guayana era una zona de un potencial enorme. Hierro, bauxita, oro, carbón, sílice, y empresas para convertirlos en productos exportables. ¿Hoy qué hay? Empresas destruidas, con nóminas triplicadas y cero inversión. Sidor, que llegó en 2007 a producir 4.2 millones de toneladas, hoy sólo produce lástima. Alcasa no produce nada. Venalum anda Venalumbrada porque no tiene futuro propio.

Perdimos Orinoco Iron, Agroisleña, Owens Illinois, Diana, Los Andes, Electricidad de Caracas, para dar paso a empresas mediocres que no generan desarrollo y que dan vergüenza. ¿Quiere construir una casa? Pues antes que teníamos todo ahora ya no tenemos ni cabillas, ni cemento ni bloques.

Teníamos medios de comunicación independientes, variados, de calidad. Hoy, RCTV no existe, Venevisión se arrodilló, y Globovisión Imagenes la analogía perfecta de un supermercado actual: desaparecen sus mejores productos y se nota la ausencia. TVes no sirve para nada, con sus novelas “reales” basadas en que todo funciona, y con un rating que sólo será porque lo ven en casa del llorón de Winston Vallenilla.

Todo lo anterior ha dado pie a protestas y marchas en todo el país. Pero Venezuela es tan al revés, que la policía y la Guardia Nacional se despliegan para atacar al inocente, al desarmado, mientras grupos armados a favor del gobierno andan libres y tranquilazos, destruyendo hogares y acabando con la vida de civiles, como Geraldine Moreno.

 

Venezuela está plagada de guerrilla de las FARC y ELN, de garimpeiros, de paramilitares,Geraldine-estudiante de hampa común y organizada, pero los huéspedes de las cárceles son estudiantes universitarios. Simonovis tiene 10 años preso, Leopoldo lleva 70 días aproximadamente. Scarano va por el mismo camino. ¿Hemos hecho algo? No. Porque también perdimos el asombro.

 

Highway to Hell

Al igual que la canción de AC/DC, los venezolanos vamos directo a un infierno cada vez más cercano. Perdimos nuestra variedad alimenticia, nuestra decencia, nuestras libertades, nuestros derechos, nuestro respeto, nuestro deber ser.

De lo que fuimos queda muy poco. De esa cultura y país amigo, sólo quedan retazos dispersos por la geografía, cubiertos en el lodo de lo que nosotros mismos permitimos. De ese país próspero que atrajo tantos científicos y artistas, sólo queda un cascarón vacío, que cruje lentamente mientras Maduro y Cilia bailan en medio de la matazón estudiantil.

¿Es recuperable Venezuela? Por supuesto. Si Japón soportó dos bombas atómicas, ¿por qué no podemos nosotros superar a dos ignorantes atómicos en 15 años? Tenemos que despertar, exigir lo nuestro, retornar a ese estándar de calidad y excelencia al que siempre estuvimos acostumbrados. No dejarnos sobornar con ideas rancias de “soberanía alimentaria” que nos hacen ir a cinco abastos. Ni mucho menos con libritos de colegio donde ahora Bolívar le cuida el perrito a Chávez.

Somos demasiado arrechos para seguir soportando esta vaina. ¡Es hora de despertar!

Homicidios letárgicos

tele3

“La seguridad tiene mucho que ver con la sensación de cada persona”.

Miguel Rodríguez Torres. Ministro de Interior, Justicia y Paz (sic)

La inseguridad es un némesis que convive diariamente con el venezolano. Desde hace décadas, incluso en aquéllas previas a la trágica llegada de la “revolución”, todos en algún momento la vivimos, conocimos o experimentamos, sea un robo, homicidio, secuestro express, raterismo u otra de sus traumáticas presentaciones.

La inseguridad ha sido siempre ese elemento que moldea nuestra forma de ser como venezolanos. Ella define nuestros horarios, costumbres, vestimenta y los lugares que visitamos. Es como un manual de etiqueta, pero que en lugar de reprendernos por algo mal hecho o colocado, lo cobrará caro a punta de pistola.

En el trajinar diario, impedir que la inseguridad nos golpee se convierte en una lotería, miedo-a-la-delincuenciaen la que no jugamos números, pero sí tomamos acciones para que no nos elija. “Mejor me quito este reloj, ta muy vistoso”, “¡Coño no estés sacando el celular en el carro!”, “¿A qué hora vas a venir hijo? Ya es tarde y es peligroso”, “Me mandaron ahorita pa Carapita, pero ni de vaina voy pa allá”, “Póngale el papel ahumado más oscuro que haya, que no se vea pa adentro”, “No guardes todos los reales en la cartera, pon un poquito en un bolsillo”.

Debido a lo difícil y duro de estar danzando con la inseguridad y sus promotores, ella genera en todos dos emociones. Una es el temor genuino de ser la siguiente víctima, pero la otra es más insólita: el desdén.

Y es que ha sido tan común, tan frecuente que haya hechos delictivos en Caracas, Maracaibo, Porlamar, Barquisimeto o Puerto Ordaz, que ya ni reaccionamos ante ellos. En la mayoría de los casos, y tras un impacto con rechazo de duración variable, tendemos a pensar: “Menos mal que no me pasó a mí”, mientras hacemos una revisión exhaustiva de nosotros, de nuestro hogar y del paradero de nuestros seres queridos, por si acaso.

No falla en el acontecer diario venezolano un homicidio, una violación, un robo en la diario-venezuela-asesinan-director-piccarretera, un secuestro, o el gesto de dolor cuando alguien llega a su casa y descubre que lo “mudaron”. Pero lejos de generar una respuesta contundente en nosotros, más bien es parte del status quo de Venezuela. Es el complemento infaltable de las noticias, cada vez más volcadas a la inseguridad y desastre económico, y más carentes de hechos que nos enorgullezcan como connacionales de esa otrora “tierra de gracia”.

Es tan normal, tan característico de Venezuela que ya ni se comparten las cifras de homicidios en los fines de semana, y ni nos importa. Dichas cifras (no publicadas desde 2003) las sabemos por los caminos verdes, pero hace rato que no se muestran, esto quizás para no estimular la “sensación de inseguridad”, expresión acuñada en 2009 por Gabriela-Ramírezexdiputada del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Gabriela Ramírez, hoy Defensora del Pueblo (¿o del Puesto?).

Cada jornada, en sus 24 horas, es parte de ese círculo vicioso delictivo. Personas que se convierten en estadísticas, esperanzas que se apagan con plomo y furia, discusiones lejanas de la sindéresis que se zanjan con Smith & Wesson, sueños infantiles que se quiebran por balas perdidas, hijos que se estrenan en el amargor de la orfandad por culpa de la violencia.

De esos que fallecen (de manera accidental o planificada) es poco lo que sabemos. Quizás en alguno de ellos estaba la cura de alguna enfermedad, o un futuro exitoso en lo laboral. Quizás en ellos estaba el deseo de crecer, de hacer una familia, o de componer alguna canción famosa.

Pero no, la violencia, la ira, la envidia o estar en el lugar equivocado los convirtió en guarismos fríos, en parte de esas cifras que el gobierno ya no dice por la sensación de la Defensora, la cual por cierto ya ha rebasado las fronteras. En Argentina, los oficialistas de Cristina Fernández de Kirchner ya mencionan el término para rebatir el hampa presente en las principales ciudades de ese país austral.

Todo esto se refleja en los noticieros y diarios reales, los cuales publican datos completos pero que a veces resultan altisonantes, morbosos, ocultos, grotescos y/o lamentables. Y cuando digo noticieros y diarios reales, es porque en el caso de los medios oficiales, más imagen_3163227_8502bien hay negación del crimen. Es como un Síndrome de Estocolmo en el que no se ataca a la delincuencia, sino que se le da cobijo y por el que hasta se siente simpatía. Si no preguntémosle a la flamante Ministra de Servicios Penitenciarios, Iris Varela, la cual no esconde su contubernio emocional con los que purgan condena en las cárceles, y que en lugar de hacerles pagar por sus delitos los felicita y hasta en fotos aparece con ellos.

Volviendo al caso de los medios oficiales, la política es echar tierrita a los hechos de violencia, escondiendo las cifras y haciendo olvidarlas a fuerza de jalabolismo al fallecido Hugo Chávez, al actual “Presidente” Nicolás Maduro, o detallando fervorosamente visitas a parques o la vida de algún comunistoide trasnochado que tanto les gusta.

Medios como Correo del Orinoco, Ciudad Caracas, Venezolana de Televisión, Telesur o afines rara vez dedican columnas o segundos al hampa, a menos que sea para criticar a gobiernos antagónicos por acciones civiles, militares o policiales y así reforzar sus alucinaciones ideológicas estancadas en la Guerra Fría.

Lo de echar tierrita es una práctica común y estandarizada de quienes apoyan al régimen socialista de Estado. Y por lo general les funciona hasta que el hampa “elije” a personas más conocidas o presentes en el imaginario nacional. En ese caso, la tierrita no alcanza para cubrir a la ballena en la que se vuelve el crimen y se ven forzados a hablar del tema, pero poquito, con pinzas, para que no se quiebre la “suprema felicidad del pueblo”.

Le tocó a Mónica

En los últimos 15 años, el hampa se ha recrudecido de manera progresiva en el país. De esto abundan estudios sociológicos, psicológicos y hasta religiosos, pero como dije antes, es parte de la vida del venezolano.

Ciertamente en Venezuela no hay una guerra civil como en Somalia o Sudán, ni crimen 185788-01_04_2013_14_37_35_345506733organizado como en México o Colombia, pero lo que ocurre de sol a sol tiene matices igual de duros, igual de dolorosos. El Observatorio Venezolano de la Violencia estimó que 2013 cerró con un total de 25 mil homicidios en Venezuela, cifra mucho más alta que las bajas de Estados Unidos en Afganistán, un verdadero conflicto armado con combatientes experimentados en ambos bandos.

Esos 25 mil muertos los vemos como numeritos omnipresentes, que despiertan en nosotros sólo breves episodios de rechazo, hasta que la víctima es cercana a nosotros o es muy conocida en el deporte, el espectáculo, política o en otras lides.

Cuando estas muertes de personas conocidas ocurren es cuando hay un hiato en la resignación patente y se levantan voces más fuertes exigiendo justicia. Y dejémonos de vainas, porque todos en algún momento hemos reaccionado así. Vemos a diario noticias de muertos y decimos “¡qué mal!”, pero seguimos viendo el Facebook, Twitter o la tele.

La lista es larga y conocida. En 2004, el fiscal venezolano Danilo Anderson, cercano al downloadgobierno chavista y luego crítico en algunos hechos, murió en un atentado en Caracas, cuando en el carro en el que se desplazaba explotó. A 10 años del hecho, todavía no se sabe quién lo mató, y se convirtió en un mártir rojo con el que se agrió más la ya difícil relación entre los actores políticos nacionales. Anderson tuvo un destino muy parecido al del Mariscal Erwin Rommel en la Alemania nazi. Dejo a su interpretación el porqué.

En 2006 ocurrió un hecho horrible y que llenó de rabia e impotencia al país: el secuestro y 463334_282b3a1d24_masesinato de los hermanos Faddoul. Los tres jóvenes hijos de comerciantes de origen libanés, fueron raptados por policías y delincuentes. El país hizo cadenas de oración, marchas y los padres adoloridos hasta pidieron ayuda al entonces Presidente Hugo Chávez. Más de un mes pasó, y luego de fallas en el proceso de rescate y pago de la cifra exigida, los captores decidieron ultimar a los jóvenes y a su chofer, lo que indignó a la sociedad en pleno. Pero tras ese dolor, se volvió a la “normalidad”.

mundo24En 2007, el hampa cobró la vida de Yanis Chimaras, actor de larga data quien habría tratado de evitar un asalto y resultó muerto a puñaladas en Guarenas. Chimaras era conocido por novelas y películas y causó tristeza en la comunidad.

Un año después, el joven periodista Javier García murió de puñaladas múltiples en su casa en Caracas. Se habló de motivos pasionales, pero el caso fue conocido y generó el mismo rechazo en la gente.

En 2012 se supo del asesinato de Libero Laizzo, manager de la banda venezolana Caramelos de Cianuro. Dado el conocimiento del grupo, el caso se colocó rápido en los titulares de la prensa. Al igual que en los ejemplos anteriores, y dado el revuelo que causó, el gobierno se vio forzado a romper la normalidad posthomicidio y tomar medidas más visibles.

Y comenzando 2014, en la madrugada, le tocó a Mónica Spear. Ganadora del Miss TLMD_05_09_13facebook+2Venezuela 2004, Spear se convirtió en una figura conocida en telenovelas y en canales extranjeros. Estaba casada con un irlandés, y aún teniendo miles de destinos posibles para visitar en diciembre y año nuevo, optó por Venezuela. Allí recorrió diversos lugares turísticos y todo apuntaba a una bonita travesía por tierras nacionales.

No obstante, el 7 de enero en la madrugada, su carro falló en la Autopista Regional del Centro, y todos sabemos lo grave que es que eso ocurra a esas horas. Lamentablemente, sujetos armados los robaron y quizás por oponerse al asalto, Mónica Spear y su esposo fueron asesinados a sangre fría, allí, en el medio de la nada y frente a su hija pequeña.

Spear, que quería disfrutar su tierra, que quería recorrerla y conocerla junto a su familia,Mintur pagó caro la elección patria. Cuando se supone que deberíamos privilegiar los destinos nacionales en el turismo, al hacerlo más bien nos perjudica. ¿Por qué ella no podía hacer como cualquier persona que disfruta su país sino que lo vemos como algo arriesgado y poco recomendable? ¿No y que es seguro hacer turismo en Venezuela según el régimen? ¿Por qué accidentarte en una autopista o carretera es una sentencia de muerte?

Tras el deceso de Spear y su esposo, de inmediato el status quo delictivo sufrió un nuevo quiebre. En diarios, canales y redes sociales todos pasamos a comentar y rechazar el hecho. Es lo que como ciudadanos nos queda por hacer.

El gobierno, “paladín” de la justicia social y creador de parapetos fallidos como la Misión A toda vida Venezuela y el Operativo Patria Segura, fue sacado fastidiosamente de su calma pasmosa en la lucha delictiva, obligado a prestar atención al homicidio, igualito a los miles que ocurren, pero mucho más presente por lo horrible y por los tristes protagonistas del mismo.

La Ministra de Comunicación e Información, Delcy Rodríguez, ésa que días atrás publicaba orgullosa la lista de políticos opositores que pasaron Navidad en el exterior, salió rauda y veloz a condenar la violencia, pero por lo general, esas declaraciones son un saludo a la bandera.

Nicolás Maduro ya mostró su consternación, afirmando que “es muy triste…sentimos dolor”. Asimismo, ya dijo que sobre los responsables caerá todo el peso de la Ley y que sobre los que vienen a matar les caerá mano de hierro. Los rojos si no se quedan pegados en el pasado, se quedan en el futuro que nunca se concreta…

Los diarios oficiales, acostumbrados a su patrón diario de antiimperialismo, odio Screen Shot 2014-01-08 at 10.39.13 AMrecalcitrante a la IV República (período republicano preChávez) y noticias huecas divorciadas de la realidad, tuvieron que hacer eco de las palabras del cucuteño. No quedó de otra, porque como dije antes, cuando los afectados son muy conocidos, las instancias del gobierno sí se meten.

¡Interesante cómo pensamos los venezolanos! Cada año más de 20 mil personas mueren en el país y no reaccionamos. Tienen que morir Yanis, el manager Laizzo o Mónica y ahí tanto nosotros como el gobierno sentimos dolor. Ahí sí actuarán las autoridades, ahí sí caerá el peso de la Ley. ¿Qué le decimos a Doña Lucha, a Don José, a Luisito o a Claudita, a ellos que son desconocidos y a quienes el hampa les arrebató sus seres queridos? ¿Acaso ellos no merecen también una referencia presidencial?

Los defensores del régimen también brincaron tras el homicidio. Winston Vallenilla, el WISTON-RODILLA-EN-TIERRA1animador, chupamedias rojo y excandidato a la Alcaldía de Baruta, ya pidió que no se politice el tema.

Lo mismo pidieron el “animador” y “actor” Roberto Mesutti y el valiente guerrero de supermercado Roque Valero.

Me pregunto Winston/Roberto/Roque, si no es al “gobierno” como garante de la paz y la justicia, entonces ¿a quién caraj… le reclamamos? ¿A quién le mostramos la indignación por lo que le pasó a Mónica y los otros 25 mil muertos anuales? Para ustedes seguro es papayita decir que no se politice el tema porque ustedes con escoltas y la protección roja no tienen nada que temer, ¿verdad? ¡Cómo se nota de qué pata cojea la mesa!

Seguramente por la presión social buscarán a los asesinos y los procesarán, pero después de eso, volveremos a la calma chicha, a ese día a día en el que el venezolano de a pie se encomienda a Dios o al santo de preferencia para salir a la calle y volver a salvo.

Tras la impotencia, se retornará a las medidas diarias, a la enfermiza prevención del delito y a los miles de muertos anónimos, a los homicidios letárgicos que nos impactan, pero que al mismo tiempo no nos despiertan para exigir el país que merecemos.

Socialismo venezolano: incompatible de nacimiento

8037922434_d31634d426_z

“Ser rico es malo…los ricos me atacan porque yo digo eso, pero yo digo que es malo”.

 Hugo Chávez, 30 de abril de 2009

Prólogo

Desde hace 14 años, los actuales “líderes” de Venezuela han pregonado a los cuatro vientos las bondades del socialismo, así como su urgente aplicación en el país. No obstante, quien escribe considera que la implantación de este sistema es en el mejor de los casos muy difícil de instaurar, dada la idiosincrasia que ha imperado en el país desde tiempos remotos y que aún se mantiene, pese a todo. En las siguientes líneas comparto con ustedes mi reflexión acerca del porqué ese sistema fracasará en su aventura nacional, y la causa no la centro en basamentos ideológicos, sino en las características sociales que han imperado, e imperarán en Venezuela en los próximos tiempos.

No intento apoyar o defender las costumbres existentes, sólo traerlas a flote para exponer mi hipótesis.

Capítulo único

Desde el inicio de sus tiempos, Venezuela ha sido un lugar que como muchos otros, ha preferido lo bueno, lo exclusivo, lo diferenciador del resto. Siempre ha habido esa necesidad de surtirse o contar con productos y servicios que separen a sus dueños de las masas y creen esas barreras invisibles entre los habitantes del país.

Este tema no es nuevo, sino que se remonta hasta la colonia. Los añejos y románticos libros de historia escolar siempre nos hablaron de los blancos peninsulares y criollos, quienes siempre detentaron el poder político y económico, superando en privilegios y derechos a las demás clases sociales existentes. Por si se ha olvidado, Bolívar y Sucre provienen de ese sector, cuyas familias amasaron enormes fortunas al venirse al Nuevo Mundo.

Como clase social podían “sacar la gracia”, comprar indulgencias, tener esclavos, viajar a España u otros países, y vestir las mejores telas. Estos “derechos” no los tenían los pardos, indios, mulatos, zambos o demás grupos, aunque siempre existió en ellos ese deseo intrínseco de disfrutar de esos beneficios. Boves, Páez y hasta la ficticia Xica Da Silva en Brasil son ejemplo de esto.

El paso de las décadas no trajo grandes cambios a este esquema. Con la independencia fueros-civilizacion-y-ciudadania-72697instaurada, ya no se trató de españoles, esclavos y manumisos, sino de habitantes de una naciente república. No obstante, y como muy bien me explicó Juanita Buchholz (estadounidense de nacimiento pero venezolana por decisión, y la mejor enseñante de historia patria que he tenido en mi vida), no todos gozaban de los mismos derechos. Elías Pino Iturrieta, historiador, activista político, y sobrino de Amelia, hizo referencia a esto en uno de sus excelentes libros.

La ciudadanía venezolana se debía adquirir (no “adquerir” como dijo uno por ahí), y para ello era necesario tener dinero, y mucho. El deseo colectivo era formar parte de ese conglomerado de “venezolanos por papel”, los cuales gozaban de beneficios importantes y eran bien vistos por la sociedad. Por el contrario, quienes no contaban con esa condición, eran relegados a segundo plano y dejados a su suerte en caso de algún problema. No existían.

Para finales del siglo XIX estas diferencias, aunque menos sensibles, fueron intencionalmente conservadas por la clase dominante, a fin de preservar su poder, sus propiedades y sus ventajas. En esos tiempos, el afán por llenarse de elementos que aumentaran el abolengo, el refinamiento o la sintonía con las modas reinantes estaba a flor de piel.

En los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco, tanto “El Ilustre Americano” como las clasesMartin_Tovar_y_Tovar_20 dominantes crearon una ola de afrancesamiento nacional, donde todo lo originario de ese país europeo era absolutamente necesario.

Fusiles, carruajes, acabados arquitectónicos, telas, vestidos, y pinturas formaron parte de la adoración. Quien no tuviera algo “hecho en Francia” estaba hors (fuera). Durante esos días de frenesí galo (según el venezolano Ángel Rosenblat), Guzmán exigió de manera enfermiza a su servidumbre un cuidado especial de su pintura, creada por cierto paisajista parisino.

orpheusLa mención repetitiva del apellido del autor, Jean Baptiste Corot, sumada al desconocimiento de los menos favorecidos, provocó que éstos deformaran la palabra a “coroto”, término que hoy en día sigue siendo empleado para referirse a pertenencias, o a la Presidencia de la República.

La devoción por lo europeo y por contar con objetos cada vez más exclusivos y 300px-Bloqueo_de_Venezuela_por_las_potencias_europeas_1902modernos llegó a límites insospechados, y la República se endeudó no sólo con Francia, sino con Alemania, Italia y otros países, haciendo que el comienzo del siglo XX fuese un episodio amargo debido a un bloqueo de las costas venezolanas en 1902. Sin embargo, este hecho no hizo mella en el afán del venezolano para buscar siempre lo mejor.

Vivir bien pese a todo

La dictadura de Juan Vicente Gómez fue un episodio donde la pobreza nacional más la 250px-Juan_Vicente_Gómezdureza del régimen sofocaron gran parte de la salida del país y del deseo de comprar cuanto cachivache viniera de Europa o Norteamérica. Pese a esto, el deseo por llenarse de recursos y de diferenciarse de los demás sí se vio, pero en el “Benemérito”.

En 1935, el año final de su mandato, Gómez hizo alarde del dinero que tenía y obligó al aviso_rialtocantante Carlos Gardel a que le cantara en su residencia de Maracay. Gardel, consciente de la dictadura que reinaba en Venezuela, no tuvo opción sino ir a la sede del tirano a dedicarle unos tangos. Sabedor de que a Gómez le gustaban las peleas de gallos, el “Morocho del Abasto” le dedicó “Pobre Gallo Bataraz”, que habla sobre la vejez y pérdida de aptitudes de pelea de dicho ejemplar alado. A Gómez no le gustó mucho la canción, la asumió como indirecta, pero igual se rió y sin temblarle el pulso le regaló al intérprete 10 mil bolívares, una fortuna para la época.

Para los 50, el fervor por mejorar del venezolano volvió a la carga de manos de Marcos 2463hg4Pérez Jiménez. Militar andino proveniente de una estirpe selecta, el dictador simplemente no toleró que la infraestructura nacional estuviese en el piso y destinó grandes sumas de dinero en obras que aún hoy se siguen usando. Carreteras, puentes, hospitales, conjuntos habitacionales, hoteles, teleféricos…todo para aumentar la calidad de vida del venezolano, al menos mientras no dijera nada contra el gobierno. Se enseñó a la población a vivir bajo un nuevo estándar, un estilo que llamó la atención de varios más allá de las fronteras.

Donde verdaderamente se vivió una orgía de gasto, que demostró el amor nacional por Sanin-1rodearse de artículos y objetos suntuosos vino en los 70. Con la nacionalización del petróleo en 1974, el país ingresó a una etapa conocida como la “Venezuela Saudita”.

Las ingentes cantidades de dinero que entraron al país despertaron en la población los sueños más visionarios o absurdos de satisfacer sus necesidades…o caprichos. Viajes reiterados a Estados Unidos y Europa, inversiones, compra de dólares, adquisición de viviendas en el país y en el norte, derroche en unos y planificación en otros. La era del “Ta barato dame dos” estaba en su apogeo.

Ahí fue donde se manifestó, ahora a escala general, el mismo amor por lo bueno, por el lujo, por diferenciarse, existente desde los días decimonónicos. Quien tenía el dinero para hacerse exclusivo no lo dudó, y quien no lo tenía, hizo todo a su alcance para formar parte del club. La Venezuela Saudita no duró mucho, y tras años de endeudarse y gastar, el país quedó con una economía deplorable, obligando a devaluar y a apretar el freno.

En varios de los gobernantes de la época, desde Pérez Jiménez hasta Rafael Caldera, 20080804klphishve_24_Ies_SCOtodos se dejaron llevar por casos de corrupción y despilfarro. El “Viernes Negro”, la compra de los Jeeps, el peculado perezjimenista, la partida secreta de 250 millones de bolívares de los viejos, y la quiebra de varias instituciones financieras en los 90 son algunos ejemplos.

Mientras tanto, la población siguió con el mismo software. Viajar en lo posible, comprar cosas nuevas, gastar las utilidades y el sueldo en electrodomésticos o ropa, y no descuidar la estrecha alianza con el elixir escocés que tanto aprecio genera en nosotros.

Algunas modas, como aquella del afrancesamiento guzmancista, aparecieron en la hqdefaultsociedad. Mientras que las clases más pudientes o media alta se guiaban por las hombreras, los artistas extranjeros o por tradiciones ajenas como Halloween, las menos beneficiadas no se quedaron atrás. Ejemplo de esto es la subcultura de los “Jordan”, enraizada en los barrios y zonas populares, donde sus habitantes gastaban considerables sumas para comprarse los zapatos originales de sus estrellas de basketball del momento: Michael Jordan, Patrick Ewing, Anthony Mason o Charles Barkley.

Sociológicamente era un caso interesante. Gente que vivía en zonas con grandes necesidades, pero que arriesgaban hasta su propia vida por tener el calzado. Y después de allí, venía la chaqueta/chamarra, la camiseta, los shorts, el peinado y el status.

Recuerdo que un ayudante que tuvo papá en el negocio de computación que manejaba 1en ese entonces fue uno de los casos. Vivía en una zona de clase media baja, donde hay delincuencia y pobreza. Pero un día llegó orgulloso y campante usando sus zapatos originales, réplicas de los de Anthony Mason. Había reunido por mucho tiempo, hasta pidió prestado, no había terminado los estudios, pero tenía los “pisos”.

Cada cierto tiempo del día los limpiaba, los revisaba por si les había caído agua, eliminaba cualquier mancha y si llovía afuera, se colocaba bolsas plásticas sobre los zapatos para que no se mojaran. Era como un padre con un recién nacido. Mientras los tuvo, según contó, gozó del reconocimiento de sus amigos, y hasta novia consiguió. Pero un día llegando a su casa, un malandro lo encañonó y le quitó los zapatos. Fue un duro golpe para él, pero volvió a reunir y al tiempo apareció con otros, menos caché, pero en la misma línea. En fin, ¿entienden lo que quiero decir?

Sin importar el panorama adverso, el venezolano cuenta con un gusanito de mejorar, y éste no se muere, sino que hiberna esperando una nueva oleada para hacer de las suyas. La conducta del gusanito depende de los valores y principios que tengamos. Igual todos lo tenemos dentro, y si faltan más pruebas, siga leyendo.

 

La robolución socealesta

La historia la conocemos todos. En un marco de depresión económica y estallidos sociales, el golpista liberado de la cárcel (tremenda vaina que nos echó Caldera) entendió, al menos entonces, que cumplir las leyes era mejor. Así que Hugo Chávez se lanzó a la Presidencia y en 1998 ganó las elecciones para el período 1999-2004 (¡qué inocentes fuimos al creer que dejaría el poder ese año!).

El basamento fundamental de Chávez era acabar con las “cúpulas podridas” y establecer una revolución bolivariana que terminara con esas “conductas malsanas” que agobiaban a los venezolanos. Todo moral, todo sano, todo mentira…

En los primeros dos años de gobierno, y vuelvo, dadas las características socioeconómicas que hemos tenido siempre, las costuras de los integrantes del MVR (Movimiento Quinta República) comenzaron a verse. Escándalos de corrupción en el Plan Bolívar 2000, 70 mil millones de bolívares desaparecidos en las Megaelecciones de 2000, y proyectos que nunca se concretaron fueron los casos iniciales.

El gobierno mostró los mismos vicios del pasado. Chávez mandó a comprar un avión chupadolaresnuevo, el “chupadólares” Airbus A319CJ, porque decía que el anterior, el “camastrón” Boeing 737, no era cómodo ni se adaptaba a sus necesidades. Trajes de Clemens, yuntas/mancuernillas de oro, corbatas de seda, y millones de dólares en comida y excentricidades fueron justificados porque “eran para la imagen del Presidente”.

Debido al gusanito, y a seguir el “ejemplo” del comandante, ministros y funcionarios casa_iris_varela_araguacambiaron de condición de la noche a la mañana. Personas que antes de Chávez habían vivido en zonas humildes y con pocos recursos, comenzaron a aparecer en zonas residenciales privadas, con casas grandes, guardaespaldas y sin reparar en gastos. De un momento a otro, zonas como La Lagunita, Valle Arriba, el Country Club, el Cafetal o La Alameda en Caracas empezaron a ser habitadas por quienes habían llegado para luchar contra los desmanes del capitalismo.

Recuerdo mis días de sidorista cuando en medio de la transición forzada por la nacionalización, llegó una de las nuevas “gerentes”. Carente de decencia y educación, sólo resaltaba por lo costoso de sus objetos. Relojes Technomarine, lentes Dolce & Gabanna, Levi´s 501. Muy socialista ella. Lo peor es que con ese atuendo decía que había que sacar a los oligarcas de la empresa. Boomerang que al final regresó a ella según supe.

Tras algunos años de ocultar el plan verdadero bajo la égida de un estado social de derecho, Chávez anunció un día que Venezuela tenía que enrumbarse al socialismo. Que el capitalismo era un sistema “podrido y alienante” y que debía humanizarse a la República.

Día tras día, el (m)arañero denunció los males del capital, de la explotación del hombre porCHAVEZ ELENA el hombre, de los ricos, los oligarcas, los escuálidos, la burguesía. Pero al finalizar la perorata, retornaba en vehículos de lujo a Miraflores, y su gabinete seguía cabalgando en las estepas del capital. Los padres de Chávez, un educador y un ama de casa, aparecían ahora llenos de artículos ostentosos que jamás hubiesen podido comprar en condiciones normales.

sobrino-chavezHijos, sobrinos, y demás familiares, aparecieron retratados en playas, en yates, con armas, bebidas costosas o comiendo langosta. ¿No se suponía que la revolución había llegado para acabar con la corrupción y los lujos? ¿No y que venían a crear el hombre nuevo?

El colmo fue en 2009. Embriagado de poder, un día espetó a estudiantes en Barquisimeto que “ser rico es malo”, y que lo único válido era el estilo de vida socialista, vivir con lo necesario.

El mensaje cayó pesado en la población. El hecho de que viniera de quienes ostentan el 713 Chavez ser rico es malopoder económico actual es penoso, arrechante y risible a la vez. Como bien dicen los textos bíblicos de la izquierda, siempre habrá dos clases, una dominante y una dominada. Un día la dominada derrocará a la dominante, pero siempre existirá otra clase que buscará en el futuro tumbar a la recién entronizada. Así pasó en Venezuela. Tras años de dominio de Acción Democrática y Copei con los izquierdistas abajo, éstos subieron y pasaron a mandar. Pero olvidaron que abajo queda otra clase que más temprano reclamará su lugar.

Los que habían llegado para eliminar los vicios y la burguesía triplicaron los excesos de los ferrariban2pu6anteriores. Personas que apenas llegaron a tenientes o capitanes ahora exhiben riquezas y privilegios. Otros caminan tranquilos con temas como el de PDVAL, Ciudad Lebrún, y hasta la explosión de Amuay, con el dinero en sus bolsillos o en cuentas del exterior. Ni qué decir de la maleta de Guido Antonini Wilson.

Ya en este 2013, las cosas han y no han cambiado. El Comandante Presidente Líder 149373_10200473396458664_1390968573_n(M)Arañero Libertador Hugo Chávez no está. Sus hijos se picotean por la fortuna del caudillo, y ahora está ilegítimamente Nicolás Maduro, quien lejos de bajarle dos a la gastadera, gobierna (sic) hablando con pajaritos, y rodeado de billete mientras el país ya pasó por dos devaluaciones, hampa desatada y carencia de insumos básicos.

La gente, el ciudadano común sigue su ritmo. Cada quien hace lo posible por mantenerse a flote, y luchando siempre por salir adelante y mejorar su nivel de vida. El gusanito, aunque contra las cuerdas, sigue esperando el momento justo para manifestarse y volver a las andadas.


¿Por qué no funcionará el socialismo en Venezuela?

El resumen de 250 años de vida de Venezuela lo hice para colocar ejemplos sostenidos de que a nosotros sencillamente nos gusta lo bueno. Nos gusta superarnos, tener lo mejor, regalar lo mejor, usar lo mejor. Es algo más que claro. Nadie sobre la tierra puede acabar o prohibir un aspecto tan marcado en el ADN de todos.

Es un mecanismo natural. Yo usé una metáfora de gusanito, pero es algo demás de evidente. Hagamos un análisis de lo que somos como venezolanos y allí veremos que una ideología restrictiva no prosperará en la tierra de Bolívar.

Si se va al cine, muchos preferimos el VIP, ¿verdad? ¿Por qué? Porque es menos gente, es más cómodo, tenemos servicios especiales, filas numeradas, y se evita ese problema de andar maniobrando con la bandeja de comida entre el espacio entre las butacas o botando piedra porque no hay lugares buenos.

Cuando llega diciembre, ¿qué compramos? Lejos de los ideales socialistas de donar todo, cosa que los líderes no hacen, se compra ropa de marca, zapatos, relojes, perfumes, carteras, vestidos y demás objetos. Y pese a todo, el venezolano apunta a un dispositivo en particular: el celular. Que levante la mano quien no ha aprovechado unas utilidades, aguinaldo o diciembre para comprar un Blackberry, iPhone, Samsung o demás teléfonos inteligentes.

Si se va al banco, no creo que nadie quiera calarse las colas sin posibilidad de evitarlas, ¿verdad? Para ello se busca estar en la caja exclusiva y pasar más rápido. Lo mismo ocurre en los aviones.

En el caso de los hombres, no nos contentamos con cosas sencillas. Buscamos más. Comprar una tele más grande, una camioneta más nueva, un teléfono más moderno. Buscamos marcas, buscamos modelos, el que sea más arrecho de todos. “Es que este procesador es más rápido y los gráficos quedan brutales”, “Es que la nueva XXX tiene doble tracción y puedes controlar vainas con el volante”, “Con esta tele de XX pulgadas ahora sí puedo ver bien los juegos de Grandes Ligas”.

Las mujeres no se diferencian. “El maquillaje de XXX marca es mejor”, “me gustan más los tacones de XXX porque esos no maltratan”, “El secador XXX te achicharra el pelo, no compres ése porque es malo”, “ando pelando pero es que quiero esa cartera”. Puedo dar miles de ejemplos.

Un ejemplo clásico es el whisky. Bebida social por excelencia, en Venezuela tiene su santuario, haciendo que sea uno de los países con mayor consumo per cápita. Si fuésemos personas dóciles y sin importarnos lo bueno o superarnos, ya hubiese quebrado quien se atreviera a comercializarlo en el país. Pero no. Su consumo sigue y sigue. Cuando esté en el aeropuerto de Porlamar, y vaya en un vuelo de retorno a tierra firme, mire entre los otros pasajeros, segurito alguien llevará una caja o mínimo una botella del licor. Haga la prueba.

¿Cuándo fue la última vez que fue a una fiesta y no había whisky? Se bebe en todas partes: fiestas, matrimonios, velorios, divorcios, comuniones, 15 años, y hasta para esperar la comida. Que un evento no cuente con whisky bueno en Venezuela es ofensa y la gente se indigna, y usted lo sabe. Se supone que en el socialismo con alcohol de alambique debería bastar, pero si figuras como Pedro Carreño hacen fiestas apoteósicas para su hija y toma whisky y usa corbatas Louis Vuitton, ¿por qué el resto de la población tendría que beber lavagallo y usar forzadamente ropa de tercera?

Es simple. Podrá faltar el papel sanitario, el aceite, la leche o el azúcar, pero el venezolano no va a abandonar su deseo de crecer y mejorar, bien sea en productos o en formación. La situación económica del país podrá estar grave, pero eso no impide la mejora continua de la gente.

Yo no trato de justificar las actitudes consumistas del venezolano, sino recordar a todos que existen. Somos así, no podemos cambiarlo. Tan cierto es que ningún ministro vive en Carapita, o Petare. Viven en zonas bien cuidadas, seguras. Sus hijos estudian en colegios privados, nada de escuelita bolivariana. ¿Por qué? Por el deseo de superarse, por el deseo de tener más privilegios. Ya parezco predicador. Está en la sangre. Hasta el socialista o comunista más furibundo no escapa a la teoría. Los que dicen adorar a Fidel y al Che andan en Hummer, con guardaespaldas y iPads. Ni a balazos un Vergatario.

Peores son los que salen a diario criticando por televisión o redes sociales a los que le hummerzy0gusta vivir bien, pero tuitean desde un iPad, y se suben a su Explorer, su Grand Cherokee o su Hummer y siguen en lo suyo, “haciendo Patria”, dirá el difunto Chávez.

¿Cuántos líderes socialistas han sido pillados en el imperio? En conciertos de Madonna,1199086160calixtoenvegabm5 en las calles de Nueva York, en tiendas de Las Vegas, bañándose en Miami. Un viaje de gente. No significa que no tengan derecho, sino que cumplan con lo que predican. Ese odiado imperio al que odia el socialismo venezolano, pero que chilla cuando el Tío Sam le rebota o cancela una visa.

0NY-500x300Ana-Elisa-Osorio

Así que amigos, para no hacer el cuento más largo, mi teoría es que el socialismo para Venezuela NO funcionará. No estamos listos o deseosos. Nuestro estilo de vida a favor del consumo y libre mercado está demasiado arraigado como para que en unos años pasemos a ser fieles seguidores del socialismo. Además, la ley entra por casa, y si veo que un ministro o diputado vive la gran vida, ¿por qué voy a pasar a demeritar la mía?